Bicentenario.

semana de mayo 1810

La Nación que alumbrara en 1810 cumple el próximo 25 de mayo sus doscientos años y si bien 10, 25, 50, 100 o 200 años son momentos importantes en la vida de personas e instituciones, la manera de desarrollarse en esos periodos es lo fundamental. Pero también es cierto  que esas fechas sirven como indicadores, donde se puede detener y revisar en base a lo vivido y experimentado, si se lleva la dirección correcta y fundamentalmente para reconocer a todo y todos los que permitieron llegar a cumplir determinada etapa.

En ese contexto la ciudad de La Carlota, fue testigo del alumbramiento de la Argentina y no solo asistió a tan sublime momento sino que también contribuyó con su aporte a formar la nueva nación. Por ello es momento de revalorizar los gestos de sus antiguos pobladores, de meterse en sus sueños y ver con los ojos de la historia si este presente nuestro es el futuro que imaginaron para nosotros. Es momento de las gracias por haber plantado ese árbol que hoy nos protege con su sombra. Lapso en el que deberemos revisar  si nuestra brújula muestra el norte y sabemos caminar hacia el progreso.

Nuestra patria cumple años y es menester de quienes gozamos de su maternidad agasajarla como corresponde.

A finales del año 2007, estrenando su presidencia, ya Cristina Kirchner fijaba su mirada en el bicentenario. Comenzaba el año 2009 y el intendente Pretto en el discurso de apertura de las cesiones ordinarias del concejo deliberante le decía a la ciudad que a partir de ese dí­a se trabajaría para celebrar la gran fiesta. Despuntaba el 2010 y mientras el gobernador encendí­a los fuegos artificiales en Carlos Paz, los argentinos asistíamos absortos a la lucha por los fondos del bicentenario.

La parturienta de doscientos años clava su mirada en estos hijos suyos que no se animan a venerarla, o que tal vez ocupados por sus pequeñeces la arrumban en un rincón cual mueble viejo y con sus ojos tristes les reclama por ese futuro que ellos deben asegurar.

La Argentina bicentenaria no es un cabildo ni una plaza, somos mujeres y hombres construyendo y cultivando, somos todos aquellos que en nuestras fortalezas y debilidades nos encontramos dí­a a dí­a para recorrer juntos el camino argento, de plata.

Salir a la calle a soltar nuestra alegría de cumpleaños es ratificar nuestro amor por nuestros padres y abuelos y es obligación de aquellos a quienes elegimos para gobernar, preparar la mesa  familiar.

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