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Si las muestras de cansancio moral no se traduce en un acto de participación política, en todos los ambitos de la vida cotidiana, este Gobierno no encontrará los límites concretos al Poder.

Esta semana contrastaron las muestras de impunidad y autoritarismo desde el Poder Central con la civilidad y madurez de la sociedad civil que marchó multitudinaria y pacificamente con los mismos reclamos que convocaron a las dos marchas anteriores.

Pero en el deber de analizar mas alla de la coyuntura, no se puede soslayar que los cambios que la sociedad esperaba del Gobierno, no solo no ocurrieron desde la última marcha, si no que en sus palabras, “fueron por mas”. Reaccionando con el mismo recurso con el que abordan la inflación, los casos de corrupción y la creciente inseguridad: negación, soberbia y subestimando al que piensa diferente.

Es evidencia de esto, ver una sociedad movilizada masivamente, mientras en el congreso, en ese mismo momento, aprobaba sin debate y en sesion exprés distintos proyectos que vienen a empobrecer la calidad de la justicia en la Argentina.

Los ciudadanos deben comprender y los responsables tienen el deber de explicar en criollo para que todos sepamos como repercutirán en nuestras vidas cotidianas estas reformas impulsadas por el kircherismo.

Ademas de la reforma al Consejo de la Magistratura que intenta politizar al Poder Judicial para garantizar la impunidad que ya existe, es decir desde la mayoría automática del Congreso de la Nación, se pretende transformar la ultima frontera de control, en una mayoría automática judicial que responda sin cuestionar a los deseos del oficialismo.

Existen otros dos proyectos de gravedad, que el ciudadano debe entender, tales como la regulación de las cautelares dictadas contra el Estado Nacional y el establecimiento de las nuevas Cámaras de Casación. En ambos casos se pretende negar la justicia a la gente, por temas tan sensibles como su educación, salud, jubilaciones o su propiedad privada.

Por lo expuesto anteriormente los ciudadanos tenemos que continuar con la marcha diariamente, empezando por nuestros hogares, donde solo se habla de política en un 30% de los mismos y con nuestros hijos, de los cuales solo el 3% militan en los Partidos Políticos.

Es indispensable reconocer que si el ruido de las cacerolas y la muestra de cansancio moral demostrado en las calles no se traduce en un acto de participación política, en todos los ambitos de la vida cotidiana, este Gobierno no encontrará los límites concretos al Poder, que no pueden surgir de la indignación colectiva, ya que solo en el voto popular encontraremos las soluciones. Sin miedo, política debemos hacer todos, todos los días.

 

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