EL DERECHO Y LA POBREZA (II)

 La orientación dada por nosotros al Derecho y la que de él recibimos, contraría el egoísmo puesto por Ayn Rand en boca de uno de los protagonistas de su “La Rebelión de Atlas”: “Juro por mi vida y mi amor por ella, que jamás viviré para nadie ni exigiré que nadie viva para mí”.

La novelista cuenta de personas que con esfuerzo lograron perfeccionarse en muy variados emprendimientos. Cada una en lo suyo llegó a estar entre las mejores (ciencias, artes, industrias, profesiones, comercio, etc.) y si bien se enriquecieron, con ellas creció la nación mejorando la vida de todos. Pero un grupo de hedonistas, incapaces de competir, logró encaramarse al gobierno y dictar leyes limitando las cantidades que podí­an venderse; las calidades de los productos; prohibió las innovaciones que colocaran en posición ventajosa a sus inventores con relación a quienes no disponían de ellas. Fijó los precios y tomó otras medidas desalentadoras para los emprendedores capaces, que fueron abandonando. Las empresas, carentes de una idónea dirección, sucumbieron. Otras pasaron al Estado y su déficit fue incontrolable. Eso sí, todo, decían los usurpadores, era hecho en procura del bienestar general (la novela data de treinta años. No estamos leyendo el diario de hoy).

La frase transcripta sólo dice parte de la verdad: ignora las jerarquías legales y por tanto la invalidez de las leyes chocantes con las disposiciones superiores, al no tener en cuenta la ley principal que, aunque desconocida por el hombre, es el “Plan de Dios”; no habla de las Leyes Divinas reveladas por Él en el Corán, la Torá o el Evangelio, ni de las Leyes Naturales, superiores a toda normativa humana que, por ser posterior al hombre y de su factoría está en lo mas bajo de la escala. Ante el avance de la barbarie demagógica, a los brillantes personajes de Rand el único camino que les quedó fue desertar, pues ignorada esa yuxtaposición, carecieron de la posibilidad de oponerse a las leyes inválidas y de luchar por su libertad, resistiendo a la opresión como hubiera sostenido Santo Tomás..

            Hay similitudes entre aquella frase que nos ocupa y el mandato divino de ganar el pan trabajando. Se lee en la Sentencia de Dios al hombre antes que el dí­a comience:…“Que el pan no venga a tu mesa sin el sudor de tu frente. Ni el sol se te da de balde, ni el aire por ser quien eres: las cosas son herramientas y buscan quien las maneje… A ti te inventé las manos y un corazón que no duerme; puse en tu boca palabras y pensamiento en tu frente. No basta con dar las gracias sin dar lo que las merece: a fuerza de gratitudes se vuelve la tierra estéril”.

            El problema clave que no hemos solucionado los argentinos es el de la baja producción. Al que sostenga lo contrario pregúntesele quién lo solucionó (como no es la parte de la población que no trabaja, la laboriosa pasa a ser una especie de esclava de ella). Para nuestras leyes parece que cada ser nace con el derecho de vivir a costas del esfuerzo de otro; de recibir su comida, su vestimenta, su techo, sin ningún esfuerzo de su parte. Pero…¿recibirlo de quién?. Del Estado?. Pero si éste no puede tener nada que no se lo haya quitado a alguien!!. Nuestra legislación ha pasado de defender a los pobres a defender la pobreza. Miente enseñando que la economía es la ciencia que debe procurar un ajuste entre los deseos ilimitados de la gente y la limitada provisión de productos. Tampoco dice quién debe producirlos y procura convencer a los pobres que deben tender cada vez a consumir menos debido a que disminuye el producto porque el capital, que es “cobarde”, se va del País simplemente porque no se le permiten ganancias. Insiste en que el único problema por resolver es la distribución, sin advertir que de seguir bajando la producción, el planteo será: ¿distribuir qué?.  Muchas de nuestras leyes fundadas en las malas enseñanzas de la revolución francesa, nos han llevado a recitar el obsoleto “credo estatista”. Todos sufriremos sus resultados.

            Si al hombre le es dada la vida, no su supervivencia, quienes dan las gracias sin haber dado nada por lo que las merece, será porque alguien se ha hecho cargo de su manutención. ¿Quiénes son esos señores?. No hay respuesta. Sin embargo, alguien les provee lo necesario para vivir. ¿Tendremos ejemplos?; infinitos; vayan dos: 1) en el Congreso Nacional, sin contar los de la imprenta ni los numerosísimos asesores, hay 10.235 empleados, o sea algo así­ como 35 por cada legislador. ¿Qué producen esos señores excedentes?. Nada. ¿Los mantiene, el Estado?; no, si todo lo que tiene es ajeno. 2) Los subsidios directos e indirectos a los ricos (no a los pobres como dicen los demagogos) como al gas, electricidad, transportes urbanos, etc. ¿de dónde salen?. No hay respuesta a pesar de que ascienden a $ 254 por segundo (La Nación 25-7-10).

Las formas de apropiación estatal varían (inflación -una de las mas rentables y que mas castiga al pobre- retenciones, IVA. a los alimentos, impuesto al cheque, etc.). El  Derecho vigente y el que está en formación, frutos de ideologías nutridas en fuentes contaminadas, parecen no conformarse con destruir la familia, la educación, la defensa, el trabajo,  la seguridad, la tradición y otros que fueron nuestros auténticos valores, sin los cuales difícilmente subsistirá la Nación.

                                             Quique Losuyo