Traidores a Dios y a la Patria

By 27 abril, 2009Blogs

Pronosticábase para la Argentina un futuro destacado, traidorescuando sus fundadores advirtieron el riesgo de una caída. Belgrano, Alberdi, San Martín, Sarmiento, Estrada, Saenz Peña, entre otros, señalaron a la incultura como causa de ese temor.

Producida la temida debacle, es hora de cesar en la búsqueda de chivos expiatorios y asumir nuestros errores, defectos y excesos. Sabemos sobradamente que los culpables son los gobiernos y nosotros. Aquéllos por omitir el cumplimiento de su principalísima obligación de educar y nosotros por votarlos.

Recuerdo parte de una poesía de autor anónimo: “dicen que por el oro y los honores, hombres sin fe, de corazón ruin, secan el manantial de sus amores y a su Dios y a su Patria son traidores…porqué serán así­?.

No dice el poeta que el oro y los honores son causas de traiciones sino que éstas sólo son posibles donde faltan virtudes. El oro y los honores no son malos “per se”, pero los hombres ruines y sin fe los prefieren a Dios y a la Patria.

Educar, aún profunda y severamente sólo en las ciencias y artes, sin propiciar el amor al prójimo y la necesidad de atender sus falencias, no capacita para atender los intereses comunes de una nación. Quienes por esa educación defectuosa sean mezquinos de corazón, desamorados, estarán prestos a traicionar a la Patria por un puñado de monedas o por acceder a un cargo.

Citamos la fe como simple creencia virtuosa útil para una formación moral y no como la primera de las virtudes teologales, porque son sin dudas buenas las enseñanzas impartidas por religiones monoteístas como el respeto por la justicia, la preocupación por la salud general, el acceso para todos a la buena educación, la seguridad, el respeto a la vida, a la propiedad, al honor y a todas las demás virtudes que emanan de las normas del derecho natural. Quienes no tengan esa fe, serán indignos de administrar nuestros bienes. .

Revisemos rápidamente nuestro pasado Polí­tico (con la mayúscula señalamos objetividad, aunque a alguien la quepa el sayo…). Vemos a la mas culta parte del pueblo, ignorando lo que se estaba tratando en aquél Mayo de 1810. Después los caudillos locales peleando sólo por sus ambiciones, hasta que se organizó el País y creció rápidamente. Ciento treinta años después llegaron “discurseros” de variadas tendencias que con promesas y dádivas convencieron a grandes fracciones del pueblo de las ventajas que obtendrían si los votaban; eran sectores de escasa formación y por ello incapacitados de advertir la imposibilidad de tantas maravillas. Hubo y sigue habiendo fraudes de todo tipo. Representantes que cambian al dí­a siguiente de ser electos. Candidatos para cargos que no piensan ocupar. Monarquías que además de hereditarias, sólo por serlo violan la ley que obliga a ser res publicae. Aspirantes que no piensan asumir. En fin, un pueblo o gran parte de él que siempre fue convencido por hombres despreciables, pequeños. Habitantes que por carecer de una mínima educación cívica son fáciles presas para quienes lucen como única virtud la “viveza criolla” que tan mal nos ha hecho quedar en todo el mundo.

¿Acaso ignoramos que hay traidores en nuestro entorno?. Lo sabemos pero no los combatimos y si seguimos votándolos fracasaremos por mentir, diciéndole al Señor de la Historia que queremos ser nación.

Vaya un ejemplo: la ley prohibe a los Congresos (Nación y provincias) conceder a los respectivos poderes ejecutivos facultades extraordinarias y también supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Estos actos son de insanable nulidad y sujetan a quienes los formulen, consientan o firmen a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria. (art.29 de la Constitución). La realidad es que el Congreso ha dado al P. Ejecutivo facultades extraordinarias y también le cedió sus indelegables facultades de legislar en general y sobre impuestos en especial.

Nuestros gobiernos han disimulado cuando algún “amigo” quitó la vida a otro u otros, ya sean los delincuentes a funcionarios o éstos a aquéllos. Diariamente son noticia la falta de castigo a los ladrones, asesinos y violadores. La inviolabilidad de la propiedad privada es letra muerta como lo es el sistema republicano y federal (Arts. 1º, 14 etc. de la Constitución).. La justicia obedece órdenes del presidente de turno y todo se hace a la vista y paciencia de nuestra ¿â€œmansedumbre”?.

Si bien para una concepción atea del derecho polí­tico (J. J. Rousseau), el pueblo es soberano (principal), quienes creemos en Dios, sabemos que sólo Él es Superior y el razonamiento mas elemental indica la imposibilidad de coexistencia de dos supremos. Sarmiento sostenía la necesidad de “educar al soberano” pero en rigor de verdad, lo que nuestro querido País necesita es que se eduque al pueblo en el Soberano, o al menos dentro de las reglas morales. Instituyéndose este cambio tanto en las familias como en los colegios se reinstalarían las virtudes en la misma proporción que disminuirían los potenciales traidores. Desde ese punto podríamos iniciar el retorno al buen camino que perdiéramos por negar la importancia de la formación espiritual.

Suelen coincidir conductas que ilusionan con hechos desesperantes. Días atrás, algunos polí­ticos de oscuros propósitos dirigieron tortuosos ataques al rabino Sergio Bergman y al sacerdote Guillermo Marcó por preocuparse por la extrema inseguridad imperante en el País. En rigor de verdad, sólo cumplían con su obligación pues, sepámoslo, los religiosos también son ciudadanos y tienen las obligaciones de tales. Todos nosotros debimos apoyarlos pero no hicimos nada.

Hace 24 días, 19 sacerdotes que viven en villas de emergencia dieron a conocer que “entre nosotros la droga está despenalizada de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir sin ser prácticamente molestado. Habitualmente ni la fuerza pública ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos, que tienen veneno en sus manos”. Y se preguntaron ¿Ministros y jueces conocen la situación de nuestros barrios? ¿han dialogado con el hombre común de la villa?.

Nadie les respondió pero uno de esos sacerdotes ha sido amenazado de muerte por intentar rescatar a los chicos. Mientras, nosotros no hacemos nada. Dejemos que lo maten. Contribuyamos de tal forma a que aumente el consumo y comercio de drogas y desde el enorme poder económico de quienes trafican, siga creciendo la corrupción. Eso sí, no nos corresponderá quejarnos cuando veamos ascender en su escala económica y polí­tica a quienes siguen traicionando a Dios y a la Patria.

Quique Losuyo

3 Comments

  • LAURA F dice:

    No vayamos buscando los traidores tan lejos, o no es cierto que acá en Carlota tambien hay traidores, a Dios y a la Patria.tirándome la primera piedra esta semana nuestras autoridades, eclesiasticas y municipales se estan prestando a la traicion por unos pesos roñosos que se ve que vienen bien al bolsillo.gracias

  • alvaro dice:

    la poesía de autor anónimo a la que te refieres fue en verdad escrita por el padre jesuita Julio Alarcón en 1884

  • Maria dice:

    Quique, muy buena reflexion!!!!. La traicion que cada uno de nosotros hacemos al vivir en el silencio y el individualismo es una traicion ante nosotros mismos en primer lugar y al futuro en segundo, al no participar con coraje en la construccion de ese futuro. El pecado de omision es el que no cometieron estos sacerdotes que hoy estan amenazados… y cada uno de nosotros?.

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