Cada jueves en la calle Roque Sáenz Peña al 300, de La Carlota, se observa un movimiento inusual. Es que una vecina del sector decidió, viendo la necesidad de muchas familias, brindarle la merienda a una treintena de niños de la zona.

María Esther Aguilera es la trabajadora que comenzó en plena pandemia tratando de ayudar a un puñado de chicos. Pero hoy la cifra se multiplicó y son alrededor de 150 los pequeños que todos los jueves concurren al denominado merendero “Juan Calabria”, el santo de la providencia, a retirar la merienda.

Para preparar la merienda, María Esther cuenta con donaciones de pan, facturas y leche que acercan los vecinos.

Debido al protocolo impuesto por la emergencia sanitaria, no se puede permanecer en el lugar, por lo que cada chico se lleva su ración a su casa.

Así, entre la preparación de viandas de comidas que vende y con lo que subsiste, se hace tiempo para conseguir insumos y asegurarles a los chicos la merienda de la tarde.

“Esto nació porque veía que había muchos chicos con necesidades. Se mantiene gracias a lo que nos colabora la gente, vecinos, amigos que nos traen leche; otros, las facturas, pan. Algunas mujeres hacen tortas y las donan”, comenzó explicando Mary, tal como la conocen en la ciudad.

La mujer sostiene que la demanda creció mucho durante la pandemia y a este alimento seguro en ocasiones hay que reforzarlo con alguna otra ayuda.

“Lamentablemente, vemos que está cada vez más difícil, porque ya no sólo vienen los jueves, sino en la semana a buscar algo que les podamos dar”, precisa Aguilera. Así, con las donaciones suelen preparar pequeños bolsones con algunos alimentos básicos para compartir en familia.

“Gracias a Dios y la gente que confía en mí y mis colaboradores, nos ayudan muchísimo. Todo lo que repartimos es donado”, agregó.

“Trabajamos mucho para ayudar y se ha sumado gente como Patricia Cremonesi, Luciana Fernández, Exequiel Fernández, Mónica Gabriela Barberis, Claudia Guevara, Analía Vivas y espero no olvidarme de ninguno, porque sin ellos sería muy difícil llevar adelante el merendero”, manifestó.

El gesto de Mary contagió a otros para sumarse a esta cadena solidaria y así, mientras algunos vecinos colaboran con comestibles, otros acercan, ropa, calzado, útiles y hasta juguetes. “Recibimos una bicicleta que fue para una niña que la necesitaba para trasladarse para el colegio y otras actividades”.

Emocionada, María Esther Aguilera agradeció a todos quienes colaboran con su proyecto solidario. Asume que su tarea no tiene otro objetivo más que ayudar a los más chicos, que en esta pandemia también forman parte del grupo de vulnerables.

“La demanda crece cada semana; ojalá podamos seguir ayudando de esta manera, finalizó la mujer.

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Fuente: Diario Puntal.

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