IN MEMORIAM

Por Alicia Migliore

Hace tres años Córdoba sepultaba a Eduardo César Angeloz, un “animal político” en el más cabal sentido de la palabra. El que entabló un diálogo con la ciudadanía que le permitió ser tres veces Gobernador de una provincia politizada y combativa.
Angeloz fue respetado, ponderado y vilipendiado, según las épocas y los comentaristas. Pero hay un aspecto en el que deberán confluir las distintas voces: fue un constructor y defensor del diálogo político; el que le permitió liderar un partido integrado por sus diversos núcleos internos, sin que perdieran identidad; el que posibilitó desarrollar las políticas públicas que los partidos políticos, con representación parlamentaria o sin ella, impulsaran, sin absorberlos, atomizarlos ni destruirlos.
Angeloz tuvo enormes aciertos en las gestiones de gobierno; también errores, ¿quién no? A pesar de su fuerte carácter, valoraba más a quienes nos permitíamos disentir fundadamente que a quienes con obsecuencia aplaudían. Aún tarde para enmendar, tenía la honestidad intelectual de dar la razón negada oportunamente, cuando persistió en el error.
Quienes se empeñaron en esmerilar su figura, lo hicieron animados por intereses personales de crecimiento en detrimento de esa figura democrática por convicción. Esperaron su ocaso político y lo aceleraron para pisar su cadáver como peldaño para crecer.
Fue respetuoso de las diferencias y pidió perdón público cuando ofendió de igual modo. Fue pionero, entre otros, en abrir los espacios de participación política a las mujeres.
Sus opositores tuvieron el tiempo de vida y la madurez suficientes para reivindicarlo, paliando los oprobios anteriores sufridos por el viejo líder.
Tuvo un histórico enfrentamiento político, y fue con el entonces Ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo. Y sirve la historia para el repaso de quienes enarbolan como diatriba que Angeloz era un neo liberal, cuando fue el último político que apostó genuinamente a la educación y sostuvo el modelo de bienestar con un Estado activo y presente, sin ser clientelar.
Angeloz no fue Presidente de la Nación porque el voto popular consagró a Carlos Saúl Menem; con discurso de campaña contenedor y mágico, el presidente electo llevó de la mano de Cavallo, Dromi y sus secuaces, a la más encarnizada destrucción del Estado que el neoliberalismo pudo llevar adelante; no pareció defraudado el electorado (ni la dirigencia del partido peronista) que votó su reelección, para permitirle completar su tarea de destrucción exterminando las economías provinciales. Su “gesta” mereció nueva ponderación cuando, a la caída de De la Rúa, el voto popular volvió a consagrarlo ganador por tercera vez; declinó de participar en el ballotage con su contendiente, antes aliado, Néstor Carlos Kirchner.
¿Porqué recordar todo esto? Porque considero necesario para construir una sociedad integrada, y sin fisuras ficticias, abordar la realidad desde la verdad. Responsables de esa honestidad intelectual somos todos, pero particularmente quienes tenemos los años suficientes y la memoria para recordar; incluyo en este grupo a la conducción política actual, en especial al Señor Presidente de la Nación que parece desconocer cuánto reverberan sus palabras lanzadas al viento.
Cavallo fue el referente político del actual Presidente de la Nación; Menem,María Julia y Adelina, eran motivo de aplausos y festejos por los “progresistas” de hoy, aunque parezcan olvidados y desconocidos.
La seriedad de los dirigentes es equivalente a la responsabilidad de los adultos, porque están en el ejercicio del poder, por el voto, dado que el derecho divino acordado a las monarquías ha sido derogado…
Hace tres años, despedíamos a un protagonista y a un estilo de la vida política.
También, sin saberlo, abrazaba por última vez a un querido correligionario que ya no volvería a ver con vida.

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