Por los sesenta setenta, el río Chocancharava se vio invadido por una juventud intrépida, deseosa de explorarlo y disfrutarlo. Aparecieron así los primeros kayak, construidos por esos mismos jóvenes, de chapa y madera.
Las travesías en kayaks, se convirtieron en una de las atracciones juveniles más importantes de nuestra ciudad, sumando este entretenimiento cada vez más adeptos. Hasta un club náutico se formó.
Solo bastaban dos remos y una pequeña embarcación para redescubrir el río en todas sus dimensiones y pasar el mejor de los momentos en familia y con amigos, mientras se disfrutaba de una aventura totalmente diferente, a escasos pasos de nuestro hogar.
Hoy la ciudad ya no mira a su río, temerosa de su furia le dio su espalda. Este siempre en actitud de espera, mientras corren sus aguas pensativas, interroga a una sociedad sobre el porqué ya no juegan sus hijos.
Es tiempo de volver.!

 

Deje un comentario