La diabetes en los chicos y cómo controlarla

By 28 noviembre, 2010Actualidad

Requiere aprender a sincronizar alimentación, movimiento y medicación. La familia es clave para contener al niño y ayudarlo a incorporar hábitos apropiados. Se debe propiciar la actividad social normal.

Seguramente no resulta fácil asumirlo, ni escuchar, entender y poner en práctica la serie de sugerencias profesionales que son imprescindibles después del diagnóstico. Un hijo con diabetes. Al comienzo, sobreviene asombro, incredulidad, dolor. Sin embargo, es preciso reponerse y tomar cartas en el tema con la mayor decisión y urgencia. El equipo médico tratante deberá prestar todo su conocimiento, apoyo y contención.

La diabetes es una enfermedad que dificulta la utilización correcta de la energía contenida en los alimentos, en especial de los azúcares. Se produce por la carencia total o parcial de la hormona llamada insulina, que participa en el aprovechamiento de los nutrientes. Es muy frecuente, aunque no siempre presenta síntomas desde su inicio. Aproximadamente dos millones de personas la padecen en Argentina, y la mitad de ellos no lo sabe.

El tipo de diabetes que sufren los chicos y adolescentes se llama diabetes tipo 1, y exige la aplicación de insulina. La predisposición a ella es genética; se manifiesta cuando aparece algún factor desencadenante, por lo general entre los 8 y los 12 años. Sólo la padecen del cinco al diez por ciento de los diabéticos.

Una parte de la comida que ingerimos se transforma en glucosa o azúcares, que entran al torrente sanguíneo. Normalmente, la insulina producida por el páncreas permite que la glucosa -la fuente más importante de energía- penetre en las células y así­ pueda usarse como combustible. En las personas diabéticas, el sistema inmunológico ataca a las células beta del páncreas, productoras de la insulina. Así, el páncreas queda imposibilitado para generar insulina y aumenta la glucosa o azúcar en la sangre (hiperglucemia).


Señales de advertencia

* sed intensa
* orina más frecuente
* aumento del apetito
* fatiga y debilidad
* pérdida de peso
* cambios de carácter
* los más chiquitos lloran con frecuencia y mojan los pañales abundantemente
* a veces el diagnóstico es casual a través de análisis que muestran glucosa en orina o elevada en sangre.

Cómo ayudarlos

Tener diabetes no impide llevar una vida activa y placentera. Lo mejor que puede hacer la familia de un chico diabético es ayudarlo a incorporar el tratamiento a la vida diaria, sincronizando alimentación, actividad física y medicación. Es importante que el niño o adolescente adquiera conductas y hábitos apropiados para convivir y manejar la enfermedad. Si estas nuevas pautas se transmiten en forma sencilla y motivadora serán mucho mejor aceptadas.

Un chico con esta enfermedad necesita hacerse controles de glucosa como mínimo dos veces al dí­a, y aplicarse insulina en las dosis y frecuencias indicadas por el profesional. La aplicación de insulina es fundamental para su vida, para que crezca y se desarrolle bien: no hay que olvidar nunca su inyección. Se coloca en forma subcutánea en muslos, brazos, abdomen o glúteos. Con el crecimiento aumentan las necesidades de alimentos y de insulina, lo cual no significa que la diabetes empeore.

La alimentación es otro pilar fundamental en el cuidado. Si el niño está por debajo de su peso normal el médico o la nutricionista le indicarán una alimentación balanceada hipercalórica hasta subir de peso. En cambio, si está gordo la dieta será moderadamente reducida en calorías hasta bajar de peso. En los dos casos luego se seguirá con un nivel adecuado de calorías.

A medida que crezca podrá distinguir los alimentos que le convienen y aquellos que no, así­ como las cantidades aproximadas y los momentos adecuados para realizar las comidas, generalmente seis por dí­a. Antes de practicar actividad física prolongada le convendrá comer algo con hidratos de carbono simples y complejos para evitar la disminución del azúcar o glucemia en sangre, por ejemplo, una porción de ensalada de frutas con copos de cereal sin azúcar. Sus maestras y las personas a cargo del comedor escolar deben saber que el chico tiene diabetes y conocer la dieta que debe seguir.

Además es importante estimularlos a hacer ejercicio adecuado y otras actividades propias de su edad. La actividad física no será prolongada ni extenuante en lugares donde no existe posibilidad de asistencia médica o de personas idóneas en caso de bajarle la glucemia, como escalar montañas, nadar en aguas muy apartadas o correr una maratón.

Los cuidados especiales no deben impedirle al niño tener amigos, salir, estudiar, hacer deporte. La familia debe propiciar que lleve una vida normal.

Después de los diez años los chicos ya suelen estar en condiciones de aprender a inyectarse solos la insulina. Esto les otorgará independencia y confianza, y les permitirá salir de casa durante mayor cantidad de horas o ir de vacaciones sin sus padres.

Una educación diabetológica de la familia junto al niño o adolescente favorece un tratamiento menos traumático y la integración a la sociedad, a la vez que evita el aislamiento y la sensación de «ser diferente». Si es necesario se puede ayudar pedir ayuda psicológica, ya que es común atravesar por etapas de resistencia al tratamiento, y los padres pueden angustiarse, culparse, tender a la sobreprotección, o minimizar la importancia del tratamiento.

 La educación diabetológica del chico y toda su familia es clave para ayudarlo en el tratamiento y la integración social. 

  

Hipo e hiperglucemia

Cuando se saltean comidas o se hace ejercicio prolongado suele producirse hipoglucemia, descenso de la glucosa en sangre. Aparece desinterés, dolor de cabeza, pérdida de atención, hambre, palidez, temblor, sudor frío y hasta se puede sufrir un desmayo. En estos casos el chico debe tomar rápidamente alguna bebida azucarada, gaseosa, azúcar, y luego unas galletitas con queso, un sándwich o un yogur. Si no se recupera, llamar al servicio de emergencias. Es importante que el niño tenga siempre sobrecitos de azúcar, que no saltee comidas, que lleve tarjetas o medallas con la leyenda «soy diabético» y los datos del médico o la familia para casos de urgencia.

El caso contrario es la hiperglucemia, cuando el azúcar en sangre se eleva. Se presenta con fiebre, decaimiento, náuseas, dolor abdominal, vómitos, orina frecuente. Suele producirse ante enfermedades, tensiones emocionales, alimentos no adecuados, salteo de la aplicación de insulina o dosis insuficiente, falta de actividad física. Hay que llamar al médico de inmediato.

Los maestros y profesores deben estar advertidos sobre la condición del chico y saber qué hacer en cada caso. No se debe suspender la dosis de insulina sin consultar antes al médico.

 Fuente: Dr. Cormillot.

One Comment

  • Mónica F. dice:

    hola.son muy buenos sus articulos sobre salud.soy una mas de las que vota porque esto siga.esta bueno que esto se de algun dia en la semana.me parece muy adecuado tambien la seleccion que hacen de los temas.estuve buscando algo concerniente a colesterol y aqui lo encontre.veo que no son siempre de salud los articulos, que varian de vez en cuando.a mi me interesa lo primero.gracias por el blog.

Deje un comentario