El Escritor local Oscar Ledesma reflexionó en redes y en primera persona, sobre las ataduras impuestas por la guerra .

Oscar Ledesma

«Cuando un hombre rebaja su talento únicamente para ponerse al nivel del lector, comete un pecado mortal que éste no le perdonará nunca, suponiendo, por supuesto, que se dé cuenta de ello. Puede uno decirle al hombre cosas atroces, pero enalteciendo su vanidad.» (Friedrich Wilhelm Nietzsche)

Siempre sostuve que la desmalvinización comenzó en el preciso instante de la capitulación de Puerto Argentino y para no darle entidad a la interminable lista de nefastos personajes que han hecho de esa traición un culto, me remitiré a la memoria de nuestro pueblo, quién nunca nos dio la espalda. La invitación a que cada uno ponga el nombre que se le ocurra, no lo hago por esquivar el bulto, sino como una macabra venganza nominal.

No llama la atención la escasa, casi nula, trascendencia de los pensadores argentinos en el resto del mundo y eso no es obra de la poca inteligencia local sino, de cómo han ido acomodando su intelecto hacia el hemisferio cerebral que regula más las funciones físicas que las intelectuales. Y no se debe a que relativizaron esa capacidad, sino que la fueron acomodando al relato fisurado y exitista de una época trágica y sangrienta, debidamente adecuada a una sola línea de pensamiento, con argumentos tan trágicos y sectáreos como su fin mismo.

Con todo este panorama no deja de causarme repulsión que estos mismos pensadores sean los que siguen insistiendo en «los pobres chicos de la guerra» o «las víctimas de la dictadura». No tienen la mínima idea de lo que el barro produjo en el alma de aquellos hombres, ni lo demencial y cruel que sigue siendo la posguerra; para victimizarnos acordes sus intereses, y quienes se consideran victimas lo son de su avaricia y lo serán de su conciencia.

Si hubo una juventud idealista fue la de Malvinas, la única y verdadera, ya que ellos sí lucharon y ofrendaron su vida por un ideal, lo demás es puro cuento como dice el tango. Y como resumen si hay algo que les produce un indeseado escozor a todos ellos es la palabra de un héroe de Malvinas. Se quedan sin argumentos, sin excusas, hasta sin aliento, y es por demás lógico; quién tiene la altura moral para contradecirlo. Malvinas es un espejo donde ellos no se reflejan, ni sombra hacen siquiera, y lo dice alguien que hace 38 años vive exiliado en su propia tierra, luchando día a día para transformar en persona al sobreviviente que lo tiene encerrado; no encarcelado; ni preso de conciencia.

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