Mandó golosinas a sus nietos y Correo Argentino se las devolvió a medio comer en una caja destrozada

By 5 mayo, 2019Actualidad

Marcela, Olivia, Beatriz y Tadeo la última vez que estuvieron juntos. (Gentileza Marcela Ventimiglia)

Beatriz Garbarino, una jubilada de 77 años, realiza envíos periódicos a su hija y nietos que viven en Suecia. Durante trece años mandó dos encomiendas al mes con golosinas típicas de Argentina para que los chicos no pierdan la conexión con la familia y los sabores del país. Pero hace unas semanas se llevó una desagradable sorpresa.

“Hasta hace cosa de un año enviaba dos cajas al mes, luego empezó a mandar una, y por el incremento de los precios mi mamá me había aclarado que de ahora en más sería cada sesenta días”, cuenta Marcela Ventimiglia, hija de Beatriz y quien vive en Europa desde hace 13 años.

“En el correo ya la conocen, es la abuela con los nietos en Suecia. Paga el monto más alto para mandarla recomendada, la precintan para ella, hace todo como corresponde y con tremendo esfuerzo para pagarla”, relata la profesora y abogada.

El episodio que llenó a la familia de indignación y que motivó a Marcela a publicar en las redes sociales su historia (la cual se compartió más de once mil veces), comenzó cuando marzo se despedía, con un envío que realizó Beatriz en la sucursal Tribunales, en Capital Federal. “Es la misma a la que va desde que me mudé a Suecia”, aclara Ventimiglia.

La abuela mandó la caja pero no llegaba, a pesar que en Correo Argentino le decían que ya no estaba en el país. En la aplicación que su hija usa para seguir los envíos desde el teléfono, mostraba lo mismo. Ante el retraso, Beatriz fue a preguntar qué pasaba. “Justo ese día apareció un mensaje en la APP indicando que la caja saldría de Argentina. ¡Qué raro, si ya había salido tres semanas atrás!”, destaca Marcela.

Expresa que 9 de abril el paquete sale rumbo al país que recibe y el 12 llegó a destino.

La decepción fue grande cuando la jubilada recibió en su casa el 24 de abril la caja destrozada. Correo Argentino la devolvió con un papel que explicaba que en esas condiciones no podía ser enviada. La sorpresa fue aún mayor cuando en el interior descubrió “papeles de golosinas, chocolates a medio comer y alfajores abiertos”.

Los regalos para sus nietos habían sido interceptados por alguien que no debía evidentemente, pero Beatriz no se dio por vencida. En la sucursal del correo le dijeron que le tomaban el reclamo y que “iban a ver si le devolvían la plata”. Esos chicos, a quienes no ve desde hace tres años, no se quedarían “sin el mimo de la abu”, por lo que compró todo nuevamente y repitió el envío (el cual le cobraron).

Beatriz encuentra en esas encomiendas una conexión con sus nietos, Olivia de 11 años y Tadeo de 16, los mismos que dicen que esas cajas tienen “el olor de la abu”.

“Son su motor, porque mi hermano despertó de un coma y quedó en un geriátrico, donde mi mamá lo va a atender todos los días. Su única pasión, es juntar el dinero para mandar las golosinas argentinas que mis hijos tanto aman, para malcriarlos porque los tiene lejos. Es lo único que la mantiene viva”, dice Marcela invadida por la melancolía y la indignación.

“Preparar esa encomienda es todo para ella. Cuando llega, para los chicos es una fiesta. Es un pedacito de la abu”, describe. “Mis hijos perdieron a su papá hace siete meses. Tenía 47 años y murió de repente. Mi mamá no pudo estar acá ni nosotros pudimos viajar. Hace tres años que no nos vemos. Por eso esas cajas nos unen”, insiste la profesora.

“Yo quiero que alguien se haga cargo, que entiendan que esto le pasa a mucha gente y que el ciudadano siente que no vale de nada quejarse porque total jamás van a llegar a nada. No les van a devolver la plata, no les van a pagar el daño, no van a investigar, no van a despedir a quienes lo hacen diariamente”, insiste Marcela.

La profesora de escuela secundaria también destaca que no quiere que “esto se politice” sino que se entienda que falta control en Correo Argentino, sin importar el gobierno de turno.

“A mi madre le sacaron unas zapatillas que le envió a mi hijo para un cumpleaños con el gobierno K. A mí no me importa quién lo maneje, lo manejan mal todas las administraciones. Cuando pasó eso lo naturalicé porque creí que sería demasiado bueno que un calzado de marca llegue a destino pasando por la Aduana. Pero lo de las golosinas, roza lo maléfico e inmoral, porque las comieron, las dejaron por la mitad mordidas y aun así tuvieron el tupé de enviarle a mamá la caja con los restos, casi como mofándose y mostrando la impunidad que tienen”, resalta Marcela.

La respuesta de Correo Argentino,iban a investigar lo sucedido.

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