Concursos de belleza: ¿Usted que opina?

By 22 febrero, 2018Regionales

En el contexto de los carnavales, el diario Puntal de Río Cuarto publicó en su portal una nota sobre la encendida defensa a elecciones de reinas en la vecina localidad de Arias. Esta localidad se destaca por tener en su grilla de espectáculos de verano un imponente carnaval y certamen de elección de reinas con numerosas concursantes. La defensa de este certamen de elección de reinas tiene el apoyo del ejecutivo municipal. En nuestra ciudad, Damián Petrone dejó su punto de vista en una nota titulada “los concursos de belleza y la violencia machista”

 

Arias continúa con el certamen de elección de reinas

En la previa de elección de reina del carnaval, el intendente Matías Gvozdenovich reunió a todas las delegaciones en el Centro Cívico para darles la bienvenida a y al mismo tiempo aseguró que, siguiendo la tradición, Arias continuará con este tipo de ceremonias de elegir las reinas. Varios delegados hicieron oír su preocupación porque en la provincia de Santa Fe ya se están prohibiendo.

Oscar Rodríguez, el delegado de Colonia Italiana, manifestó a PUNTAL que la discriminación no existe. Expresó que el concurso fomenta la amistad y respeta a las participantes, sin ningún tipo de maltrato.

Por su parte, Rodríguez aclaró que ya se están movilizando las distintas instituciones junto a las autoridades de Colonia Italiana para realizar el 24 de marzo una reunión a la que asistirán legisladores de ambas provincias, delegados de las fiestas, reinas y representantes. Se conformará un memorándum para que no se elimine este tipo de realizaciones.

“Ellas son embajadoras de cada fiesta, pero al mismo tiempo promocionan el turismo regional y provincial porque llevan afiches, folletos y en cada realización ponen énfasis en las características del lugar donde viven”, afrimó el delegado.

A su vez, el intendente Gvozdenovich aseguró que en los carnavales de Arias no habrá cambios en ese sentido porque las elecciones de reinas son una tradición.

PETRONE: “LOS CONCURSOS DE BELLEZA Y LA VIOLENCIA MACHISTA”

El incremento en los últimos tiempos de la difusión de hechos de violencia aberrantes cometidos en contra de mujeres, ha disparado una serie de reacciones tanto de la ciudadanía como de la clase dirigente.

En algunos casos han servido para mejorar la situación, como la mayor conciencia colectiva sobre el tema, o el dictado de  normas  que intentan proteger a las mujeres de cualquier tipo de violencia, sistema que en nuestra Ciudad funciona medianamente bien, al menos comparado con lo que ocurría en el pasado no tan lejano. Pero la mayoría de las veces -como en otras cuestiones en nuestro país- el repudio se limita a expresiones “políticamente correctas”, es decir afirmar con la mayor pompa posible, lo que a la mayoría le agrada escuchar según la opinión general, formateada por los medios de comunicación. En ese proceso no hay lugar para la reflexión, ni menos aún la acción para intentar modificar el estado de las cosas.  Es el triunfo del marketing sobre la Política, de los héroes de Facebook por sobre el compromiso real de cambiar lo que está mal.

La violencia de la que hablo, es consecuencia de una concepción machista arraigada en nuestra sociedad, es decir, pensar que la mujer es un ser naturalmente inferior al hombre. A partir de allí, todo es  posible: discriminarlas, tratarlas como objetos, humillarlas, pegarles y hasta matarlas, sólo por el hecho de ser mujeres. Acaba de ser electo presidente de la mayor potencia mundial (país modelo para muchos argentinos) un empresario que ha superado los límites del  machismo para ser considerado directamente misógino. Y lo hizo con amplio respaldo femenino.

Ese es un síntoma de que no es sencillo erradicar esta creencia, cimentada en años de historia y enraizada entre nosotros en instituciones que gozan de prestigio e influencia en nuestra vida cotidiana como la Iglesia Católica: en el “Libro de la Familia Cristiana”, al menos el que me entregaron cuando me casé, se establece como obligación de la mujer “respetar al marido como superior, ayudarle en el gobierno de la familia, cuidar las cosas de casa y ocuparse de los trabajos domésticos…” En el mismo sentido se inscribe la costumbre legalizada de usar la preposición “de” en las mujeres casadas como si fueran propiedad del esposo, por citar algunos ejemplos entre tantos otros.

Es verdad que hemos evolucionado hacia la igualdad de géneros, si pensamos –verbigracia- que hasta no hace mucho tiempo la mujer casada era legalmente considerada incapaz, por lo que su marido administraba sus bienes o, que hace poco más de  diez años eran impensables las medidas preventivas de protección frente a la violencia física y psicológica de hoy. Pero falta mucho para erradicar el machismo. Y como seres racionales que se supone somos, creo que debemos revisar algunas costumbres que reiteramos casi mecánicamente, sin detenernos a pensar de dónde vienen y que efectos tienen.

Siempre me parecieron absurdos los concursos por los cuales se elige una “reina” como premio al aspecto físico.  No es que me crea una especie de asceta al que no le atraen las mujeres bellas, ni que me parezca mal que alguien cuide su cuerpo para agradar a otros, sino que no encuentro ninguna razón que justifique que a una persona, en este caso mujer, se le otorgue un reconocimiento público, una distinción, porque su genética, su cuidado y en algún caso una cirugía, ha hecho que su aspecto corporal encaje en el ideal  del estereotipo social impuesto en un momento, que -dicho sea de paso- dista mucho del modelo de la mens sana in corpore sano que proclamamos.

Hace unos años, concurrí con mis hijos menores a los festejos del carnaval en nuestra ciudad. Cuando comenzó el desfile de las “candidatas a reina”, escuchamos a dos hombres a nuestro lado (calculo  cerca de cincuenta años), que comentaban respecto al tamaño y forma de los senos y glúteos de las concursantes, algunas de las cuales, eran  niñas, al menos para mí. Al rato, el locutor previo aclarar que el evento era promocionado por la Municipalidad, anunció la ganadora y que ella nos iba a “representar a los carlotenses”. La desazón de las “perdedoras” se traslucía en las fingidas felicitaciones. Pero en ese momento sentí más pena por la “reina”.

En mi opinión, premiar a una adolescente por su aspecto físico, es discriminatorio, sexista, banal, humillante y estúpido. Con ello se enaltece un ideal de apariencia, que además de condenar a la depresión crónica a las chicas que no lo alcanzan (que no son pocas), convierte a la mujer en una cosa, en algo inferior al hombre, se trata en definitiva, de un acto de exaltación del machismo. Y si hay machismo, hay violencia contra la mujer.

Entiendo además, que los concursos de belleza violan el espíritu de la Ley 26.485, dictada “…para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”, que en su art. 4 dispone: “Se considera violencia indirecta…toda conducta, acción, omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón”.

Puede que esté equivocado, pero entiendo que el Estado Municipal, no debe promover estos concursos espantosos, por más que sea una costumbre y que a “la gente le guste”. En lugar de ello, debería enaltecer y fomentar  otros valores en los jóvenes, como el esfuerzo por el estudio, el trabajo, el respeto hacia los demás, la igualdad, la solidaridad verdadera, el cuidado del cuerpo, el arte, entre otras cosas.

Sé que esta opinión puede caer mal, sobre todo aquellas chicas que han participado o a quienes organizan estos eventos. Y que en nuestra comunidad en general, una postura contraria a lo que pensamos se toma como una agresión. Nada tengo en contra de ellos ni en contra de quienes trabajan en el área estética. Tampoco creo que sean tontas las chicas que participan. Pero considero que estas competencias no contribuyen a preservar la dignidad de las mujeres y por tanto, no deben ser promovidos desde el Estado. En algunos lugares ya lo pensaron así.

Damián Petrone.-

La Carlota. Octubre de 2016.-

3 Comments

  • Como periodista y ex jurado en innumerables elecciones de reinas me parece totalmente correcto este tipo de concursos. Constituyen elementos tradicionales de más de 150 pueblos y ciudades de Córdoba y deben mantenerse porque no le hacen mal a nadie ni denigran en modo alguno a las mujers.
    De haber dialogado infinidad de veces con las diferentes participantes tengo la firme convicción que las elecciones de reinas y princesas no implican ninguna degradación para las jóvenes que allí participan.
    Como en toda competencia, las chicas que se anotan saben que una será reina, dos princesas y algunas más recibirán los premios de Miss Simpatía y Miss Elegancia. No pueden sentirse mal por perder porque así son las reglas de juego. Lo saben antes de participar y nadie las obliga a ellos. Es más, para casi todas implica un gran placer competir en representación de distintas instituciones, pueblos o en nombre propio.
    Pensar que deben suspenderse estos concursos porque las perdedoras se sentirán mal, es menoscabar la inteligencia de las participantes. Con la misma lógica habría que prohibirles a las mujeres competir en distintos deportes, porque perderán partidos y eso las hará sentirse mal también.
    En todos los concursos en que he estado y en los que he visto por televisión siempre se elogia por igual a todas las participantes. Nunca se menoscaba sus condiciones ni se las rebaja por sus características físicas.
    Elegir una reina de una fiesta es una tradición. No hace daño a nadie y hace a la idiosincracia de muchos pueblos. En Córdoba salvo Villa General Belgrano y alguna otra localidad que no recuerdo, se mantienen vigentes estos concursos y todos siguen convocando multitudes de personas.
    Un abrazo.

  • Luis Sebastiani dice:

    A mi no me parece mal, que una mujer sea reconocida por su belleza y también por otras cualidades como lo pueden ser, representar de manera cabal a su ciudad, su institución, etc. en definitiva ser embajadora de una representación que le otorgaron al elegirla. Aunque hoy está todo en cuestión, nada se puede decir, siempre pienso que si viviera Jardín Florido, estaría siempre en cana!!

  • Toncho dice:

    Tal cual, habría que prohibir los concursos de belleza y la carrera de abogacía. Así seríamos todos felices.

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