Langostas pasan por Río Cuarto y preocupa su multiplicación

By 11 octubre, 2017General

Tres quintas del Norte de Río Cuarto fueron atacadas por una pequeña manga de langostas y sufrieron daños en plantaciones de lechugas y otras verduras de hoja.

Según informaron los productores, las langostas llegaron por la tarde, sólo atacaron una pequeña parte del predio que tiene unas 25 hectáreas contiguas a la autovía ruta 36, casi en la unión con la A005, circunvalación de la ciudad.

Por ahora, los insectos sólo se mueven en un radio de dos kilómetros, entre Río Cuarto y Espinillo. El Senasa y el ministerio de Agricultura de la Provincia monitorean la plaga.

Especialistas de la UNRC advirtieron que en estos momentos las langostas están en época de apareamiento, por lo que resulta “crucial” su control.

En las zonas afectadas de Río Cuarto se detectaron 100 langostas por metro cuadrado. Ulises Gerardo, profesor de zoología agrícola, advierten que cada hembra puede poner entre 100 y 150 huevos.  La región no tiene un clima ideal para que eclosionen, pero pueden darse nacimientos y será necesario controlarlos.

Gerardo explicó que las langostas ponen los huevos a ocho centímetros de profundidad, en la tierra. Hacen un hueco, dejan una cámara de aire de dos centímetros (para que no los afecten hongos) ponen los huevos y arriba, dejan otros dos centímetros que cubren con una sustancia gelatinosa, para que no los deterioren los predadores.

A los 30 ó 45 días (según el clima, y la generación de langostas de que se trate) nacen las ninfas, que primero se llaman mosquitas y  luego se transforman en saltonas. En esos estadios, que duran unos 30 días, deben exterminarlas, antes de que les salgan las alas.

Los especialistas indican que, por ese motivo, todo lo que se haga con respecto a las langostas desde hoy hasta noviembre es clave.

Las crías se matan con la aplicación manual de insecticidas muy fuertes. Es una tarea que realiza el Senasa. Si las langostas en lugar de poner los huevos donde están, se fueran a las sierras, sería aún más difícil controlarlas. El crecimiento de la población es exponencial. En los años 50, en Córdoba, llegó a haber mangas de 100 kilómetros de ancho por 10 de ancho, que arrasaban con todo a su paso.

 

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