Perpetua al ludópata: para los jueces, mató para tapar la estafa

By 11 Agosto, 2017Actualidad

El voto unánime del jurado popular y de las juezas coincidió con el pedido del fiscal Julio Rivero y de la querella. Martín Guarino lloró y clamó su inocencia. Lo condenaron por los indicios en su contra

Martín Federico Guarino (41) fue condenado a prisión perpetua en la tarde de ayer, después de que 8 ciudadanos comunes y las juezas de la Cámara Primera del Crimen determinaran por unanimidad que fue el autor del crimen de Vicenta Ginestar (73), una exmaestra carlotense ahorcada en su propia casa la noche del 16 de julio de 2015.

Después de tres horas y media de deliberación, el tribunal dio a conocer el veredicto pasadas las 17, y desató la angustia y los gritos furiosos de los familiares de Guarino, quienes asistieron al juicio desde el primer día y siempre sostuvieron su inocencia.

En la otra vereda, uno de los hermanos de la exdocente, de larga y reconocida trayectoria en La Carlota, junto a otros parientes se mostraron de acuerdo con la decisión del tribunal y rompieron en llanto.

No era nada sencilla la decisión del jurado, eso quedó claro desde el inicio del juicio. Sin pruebas directas que colocaran a Guarino en la escena del crimen y sin un ADN que lo comprometiera estaba claro que el voto por la culpabilidad o la inocencia se basaría en los indicios.

Así lo anticipó el fiscal Julio Rivero, al iniciar su alegato, “con los indicios, tendremos que armar un rompecabezas”, dijo dirigiendo la mirada a los jurados populares.

En sintonía con la hipótesis que planteó la Fiscalía de La Carlota cuando decidió la detención de este hombre adicto a la ruleta y a las apuestas con caballos de carrera, Rivero dijo que los indicios lo llevan a la certeza de que Guarino embaucó a Vicenta Ginestar ofertándole la venta de 2.000 dólares a un precio irrisorio y luego de apoderarse de unos 20 mil pesos se deshizo de la mujer para borrar los rastros del robo.

¿Cómo consiguió el acusado que una mujer cuidadosa y desconfiada como lo era Ginestar le abriera la puerta de su casa? Rivero explicó que se ganó la confianza en las visitas domiciliarias que le hacía junto a su tío para repararle electrodomésticos.

No era la primera vez que Guarino tenía problemas de dinero y recurría a alguna mujer para engañarla y sacarle dinero, sostuvo el fiscal.  Para eso se valía de su facilidad de palabra y una personalidad que agradaba y cautivaba a la vez. Recordó el caso de una vecina de Alcira Gigena que llegó a sacar un crédito de 50 mil pesos para confiárselo a una persona a la que apenas conocía porque ambos frecuentaban el casino de Río Cuarto; mencionó también los casos de dos vecinas carlotenses con las que trabó una relación sentimental y a las que luego convenció para que le confiaran sus ahorros.

Una de ellas llegó a darle los 120 mil pesos que le correspondían por un seguro de vida y, cuando vino a Tribunales a declarar, dijo que lo volvería a hacer porque sigue convencida de que Guarino “es una excelente persona” e incapaz de matar.

¿Por qué mató a Ginestar, si ya otras veces había embaucado a otras mujeres?, se preguntó el fiscal, y alzando la voz, completó: “La mujer de Gigena no lo denunció por miedo, y las otras por amor, pero Guarino sabía que con Vicenta iba a ser diferente. Ella lo iba a perseguir, lo iba a denunciar y le iba a poner un abogado. Con Vicenta no se jodía porque era una persona derecha y Guarino lo sabía bien”, recalcó Rivero acentuando el ímpetu de sus palabras con enérgicos golpes al pupitre.

Para Rivero, la llave que desentrañó el complejo caso la tuvo Elba Dotti, la amiga íntima de Vicenta. Fue ella quien le confió a la Justicia que el día que la mataron Vicenta había pactado un encuentro con Guarino para comprarle dólares.

Otro de los indicios que, a criterio del fiscal, colocaron al acusado en la escena del crimen lo aportaron las antenas de telefonía. El seguimiento confirma que la celda que tomó el celular de Guarino aquella fatídica tarde noche del 16 de julio de 2015 abarcaba la vivienda de calle Güemes 995 donde se cometió el crimen y, por el contrario, dejaba fuera de radio al club Central Argentino donde el acusado dijo haber estado apostando a las carreras de caballos.

La intervención del querellante que representó a uno de los hermanos de la muerta fue estrictamente formal: se adhirió a la acusación del fiscal por defraudación y homicidio criminiscausae y compartió el pedido de prisión perpetua.

La defensa, asumida por Rolbi Valdivieso, repasó las grietas de la investigación y la falta de pruebas de cargo. Dijo que así como para el fiscal los indicios conducían a la culpabilidad, la interpretación que él hacía era la contraria, con lo cual se instalaba una duda que a su criterio no iba a poder despejarse. Por eso pidió la absolución de su cliente.

Antes de pasar a deliberar, le otorgaron la última palabra al acusado, entonces Guarino -que a lo largo de todo el juicio se había mostrado impasible y seguro- estalló en una crisis de llanto:

-Quiero que se haga justicia por Vicenta pero yo soy inocente. Me gusta el juego, es cierto, y también me gustan las mujeres, acá ya se ocuparon de remarcar eso -dijo, mirando hacia el tribunal- pero no maté a nadie. Siempre estuve a disposición de la Justicia y hoy estoy en manos de diez personas que por ahí no conocen de leyes. Quiero que aparezca el culpable, quiero salir de la cárcel y volver con mis hijos. Y, con el permiso de mi abogado, voy a decirles algo más que no lo iba a decir… -insinuó Guarino y Valdivieso lo frenó. “¡No, no digas nada más!”, le ordenó.

Guarino guardó silencio. Las cartas estaban echadas y, un puñado de horas después, tendría la confirmación.

Alejandro Fara afarapuntal.com.ar

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