Última ronda de testigos en el juicio por el crimen de Vicenta Ginestar

By 9 Agosto, 2017General

En la última ronda de testigos, declararon ayer una conocida del acusado que iba a las tragamonedas, una amante y una amiga: todas le prestaron dinero, aun conociendo que Guarino era adicto al juego

Un hilo conductor atravesó los testimonios de tres mujeres que fueron citadas a declarar ayer en tribunales, en la última ronda de testigos del juicio por el crimen de la maestra jubilada de La Carlota, Vicenta Ginestar (73).

Una vive en Alcira Gigena, es una mujer viuda, de 71 años, ya retirada de la escribanía donde trabajó por años; las otras dos tienen entre 40 y 50 años, son de La Carlota y trabaron una cercana relación con el hombre que por estos días está sentado en el banquillo de los acusados. Entre ellas no existe ninguna relación, pero las tres admitieron haberle confiado sus ahorros y nunca volvieron a recuparlos.

Seducidas por la personalidad de Martín Guarino, las testigos exhibieron otro matiz en común: las tres conocían la afición desmesurada que este hombre de 41 años tiene por el casino y por las apuestas a las carreras de caballo; sin embargo eso no fue obstáculo para que desembolsaran fuertes sumas de dinero.

De sus testimonios se desprende que  Guarino tenía el hábito de ofrecerse para manejar el dinero de terceros. Se mostraba como una persona hábil para las finanzas, que se dedicaba a la venta de dólares y a prestar dinero entre jugadores del casino.

¿Qué vínculo pueden tener estos testimonios con el crimen de Vicenta Ginestar?
Es que la mujer soltera que fue ahorcada en su casa y apareció muerta en una casilla de gas, también habría recibido una tentadora propuesta de boca de Guarino. La fiscalía de La Carlota cree que el acusado le había propuesto a la maestra adquirir dólares a un valor sumamente ventajoso y de esa manera logró que la dueña de casa le franqueara la puerta.

Guarino no negó esa transacción, sólo que él asegura que se hizo dos días antes del crimen de Vicenta Ginestar y los investigadores señalan que en realidad el encuentro se produjo entre la tarde noche del 16 de julio de 2015 y que en esa oportunidad Guarino se deshizo de la dueña de casa justamente para ocultar las huellas del engaño y marcharse con el dinero que la mujer tenía preparado para comprar los dólares.

La primera en declarar fue la vecina de Alcira Gigena que, según un policía que pasó por la causa, había dicho que le prestó dinero a Guarino pero luego no se atrevió a reclamárselo. ¿Por qué no lo hizo?

Según el uniformado, la mujer estaba atemorizada porque creía que Guarino podía estar vinculado con el homicidio de una mujer, acaecido en 2004 en Río Cuarto.

La testigo que solía ver a Guarino entre las filas de tragamonedas, ayer se mostró reticente y muy incómoda con su obligación de declarar por primera vez en la justicia.

De sus dichos, no pudo inferirse que haya relacionado a Guarino con otro homicidio. “De eso yo nunca supe nada”, respondió. Lo que sí afirmó, después de dar marchas y contramarchas con su relato, es que el hombre que tenía sentado enfrente, en el banquillo de los acusados, la había engañado económicamente.

Relató que en esas noches entre el bullicio y las enloquecidas luces de las slots, surgió una confianza entre ambos y también la chance de hacer un negocio en común.

Ella le entregaría dinero a Guarino para que él a su vez lo hiciera trabajar, a través de la compra y venta de dólares. Entusiasmada con los dividendos que le daría ese dinero, llegó a sacar un crédito en una financiera de Río Cuarto para poner en manos de este hombre 50 mil pesos. Además, aseguró haberle dado sumas menores para préstamos entre jugadores del casino.

Pero, de todas esas erogaciones, nunca volvió a recuperar un peso.
“Me dijo que le habían robado la plata, que cuando fue a Córdoba a buscar los dólares lo asaltaron justo a la salida de la financiera, obviamente no le creí. Me estafó”, relató en un susurro, como restándole trascendencia al asunto.

El frustrado acuerdo se produjo años atrás. La mujer no lo recordó con precisión, pero aseguró que fue antes de 2010, el año en que murió su esposo.

Cuando le preguntaron si le reclamó el dinero a Guarino y si alguna vez pudo recuperar algo de lo que puso, la mujer hizo una mueca y respondió: “Ya está, ya quedó en el pasado”, mientras con una de sus manos barría el aire como si estuviera ahuyentando un mal recuerdo.

Los otros dos préstamos que se ventilaron ayer en tribunales son mucho más cercanos en el tiempo y se concretaron días antes de la detención de Guarino, cuando ya estaba radicado en La Carlota era conocido colocaba y reparaba artefactos de refrigeración.

Guarino sabía granjearse la confianza de sus clientas y con al menos dos de ellas trabó una estrecha relación.

Las dos estuvieron ayer en los tribunales riocuartenses y se mostraron veraces y conmovidas. Una de las testigos que viajó desde La Carlota confió que durante un par de años y hasta la detención de Guarino mantuvo una relación sentimental con el imputado. Esa mujer dijo que conocía la adicción de Guarino al casino y a las apuestas y que solía pasar de golpes de suerte en los que ganaba fuertes sumas a rachas en las que no tenía un peso en el bolsillo.

En al menos dos oportunidades recurría a ella y le pedía préstamos que variaban de los 2 mil a los 5 mil pesos. Ella accedió a prestarle el dinero, pero cuando Guarino le sugirió que sacara un crédito para prestarle más, no aceptó.

La primera vez que declaró en la Justicia había dicho que Guarino estaba con su actual pareja -una mujer que sería dueña de mil hectáreas en la zona rural de La Carlota- exclusivamente por interés. La testigo agregó que, aunque es una simple trabajadora, cree que Guarino también se aprovechaba económicamente de ella.

A continuación declaró otra mujer, una amiga cercana que en todo momento defendió la integridad moral del acusado. Lo describió como una excelente persona que tenía problemas con el juego.

Esa testigo reconoció haberle confiado a Guarino la suma de 120 mil pesos que había recibido como parte de un seguro de vida. Dijo que fue ella quien le pidió al imputado que le sugiriera alguna manera de “hacer trabajar la plata”. El acuerdo al que llegaron fue que le entregaría a el ese dinero y él todos los meses le daría un porcentaje del 15 por ciento mensual.

-¿Le devolvió algo? -Le preguntaron las juezas.
-No, sólo alcanzó a darme una cuota, porque después le pasó esto.

-¿Qué fue lo que le pasó? -Insistió la jueza Lelia Manavella.
-Que lo acusaron injustamente. -Replicó la mujer, convencida, y agregó: “Yo por Martín pongo las manos en el fuego, las mías y las de mis hijos. El es inocente”.

Después de las extenuantes rondas de testigos, serán las tres juezas de la Cámara Primera del Crimen y 8 jurados populares los que decidirán si la persona que está sentada en el banquillo es o no el homicida de Vicenta Ginestar.

Gentileza Diario Puntal

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