¡“La quimera del cine”!

By 15 abril, 2010Actualidad

Este jueves 15 de abril, en el marco de la Semana de la ciudad, hará la presentación de su libro: “La Quimera del Cine” el queridísimo Juan José Gorasurreta. La cita será a las 19:30 horas. en la Biblioteca Municipal F. Medina (Zarazaga 12). También se harán proyecciones de cortos, habrá escritores locales e invitados especiales.

Ampliamos: para nosotros, los literatos…

El término quimera o quimérico se usa a menudo como paradigma de lo fantasioso, sobre todo si es favorable: lo utópico.

La quimera del cine tiene ese halo mitológico, esa antigua inquietud que se mueve en los sueños. El recuerdo de aquellos días en la Córdoba, en la Argentina de fines de los setenta,  que, a veces, parecían un mal sueño, tiene esa inquietud. Como muchos héroes mitológicos griegos, sin saber por qué- tal vez por la voluntad de algún dios un poco loco o por los artilugios del «Fatum», es decir del destino o del puro azar-, nos encontramos metidos en una pesadilla que parecía superar nuestros peores presagios. Y como esos antihéroes, sabíamos que la mejor manera de pelear contra esas bestias horribles, era meterse en las encrucijadas de nuestros sueños y pelear con nuestros cantos, nuestra locura, nuestra propia quimera.

La quimera, era nuestro barco en esa odisea. De ese viaje, hecho de naufragios, islas de engaños y malos encantos, gigantes ciegos y destructores, nos quedaban, luego de años, recuerdos y olvidos, rostros desenfocados, cantos perdidos en el mar, exilios.

Ahora me llega a mis manos ese libro: “La Quimera del Cine” y es como un diario de a bordo recuperado del naufragio que, después de todo, comprobamos que no fue tal. La nave sigue ahí, navegando contra viento y marea, sorprendiéndose aún por cada amanecer y, ¿por qué no?, por cada logrado crepúsculo.

En ese diario de a bordo, vuelvo a reencontrarme con rostros, sonrisas, habitaciones mal iluminadas y frías, calurosas pieles tocándose en la oscuridad, el sexo estremecido por la noche, los proyectores ruidosos que parecían respirar mientras nos dibujaban con la luz nuestras miradas. Recuerdo una sala, pequeña, derruida y acogedora. Todos sorprendidos, temerosos y acurrucados viendo y descubriendo el cine, otra manera de ver la realidad, otra manera de descubrirse a sí mismos.

Juan José Gorasurreta era el más quimérico de todos, él mismo es un personaje mitológico, pero que no lleva sólo los sueños, sino la áspera piel de la realidad consigo. En él, yo descubría la manera de sobrevivir el dolor y la incertidumbre con las armas de la utopía; y siempre, intocable y consecuente hasta las últimas consecuencias: su humanismo.

Ahora, conservaré este libro como el mejor testimonio de que he vivido esa odisea, que he compartido mi vida con otras vidas, mis confusos años de educación sentimental. El cine siempre será una quimera, porque es siempre un deseo, porque nace de un error en la capacidad de percepción de nuestra vista; es lo que «no vemos» lo que construye el cine. Como son los intervalos oscuros de nuestra memoria los que dan forma a nuestros recuerdos. No sabemos bien qué, ni por qué, pero hay luces, olores, miradas que nos conmueven.

Este libro, “La Quimera del Cine”, me ilumina, como un espejo que nunca dejará de reflejarme, aunque yo ya no esté aquí para mirarlo.

¿Puedo, entonces, parafraseando a Walt Wiltman, decir: «Éste no es un libro, el que lo toca, toca a un hombre?”

Héctor Navarrete. Historietista. Dibujante. Realizador. Uno de los fundadores de LA QUIMERA. Ilustrador del libro.

Sobre el autor

En sus propias palabras: “he colaborado en diferentes revistas culturales con notas sobre cine y otras disciplinas. Crítico de cine, siempre me interesó dar una opinión sobre el filme que veo, analizando sus contenidos y formas. El nuevo cine del mundo me tiene conmovido y nuevos y viejos maestros, señalan amplios caminos por donde transitar el cine y el arte, entendidos ellos como medios de expresión humanas”.

Sobre el libro

“Para el que esto escribe, un habitante gozoso de ese mundo intransferible del querido Juanjo, leerlo fue toda una experiencia y también un aprendizaje liderado por la sinceridad. También un retorno feliz a esa inocencia y a esa voluntad, que no debieran abandonarnos nunca. Luchar por todas las utopías del mundo amparados en ellas, puede ser lo que este libro proponga. Como el gato Travis, feliz compañero de Juanjo, observemos en silencio su mundo, seguros de encontrar en él algunas buenas razones para vivirlo.”

Juan Carlos Arch

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